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El gran Danny

La otra noche agarré empezada en cable El perfecto asesino (1994). Hacía años que no la veía. ¡Qué buena película que es! De lo mejor de Luc Besson, sin dudas. Todo un nuevo clásico, como dirían en TNT. Es no sólo un policial de acción formidable, brillantemente filmado y editado, sino además una preciosa historia de amor entre una niña huérfana y un hombre grande, un asesino a sueldo que se hace llamar Léon y que más allá de la extrema violencia que puede desplegar cuando es necesario, posee un corazón de oro. Inolvidable papel para Jean Reno, e inolvidable debut de Natalie Portman, que está sencillamente notable como su protegida.

La película cuenta con dos de esos actores secundarios de lujo: Gary Oldman como el villano Stansfield, un policía corrupto que eliminó a la familia de Natalie y ahora quiere eliminarla a ella para no dejar testigos; y Danny Aiello (¡Danny Aiello!) como el bonachón pero usurpador Tony, un capo mafia de poca monta que contrata a Léon para trabajos de "limpieza" y que le "guarda" su dinero ("como si fuera un banco, pero mejor que un banco, porque a los bancos los roban, y nadie roba a Tony"). Y se me ocurrió pensar: ¿en qué está Danny Aiello? Hace tiempo que no lo veo en ninguna película. ¿Habrá muerto y yo ni me enteré?

Nacido en Nueva York en 1933, este tipo imponente de 1 metro 91 llegó ya maduro al cine, comenzando con papeles de reparto en películas como El Padrino II (1974) y El testaferro (1976). Luego fue afianzando su carrera, más que nada como prestigioso actor secundario en roles de ítalo-americano, generalmente policía, o figura con algún tipo de autoridad, especialmente mafiosos, aunque también supo ser un dulce y bonachón padre de familia (siempre ítalo-americano, obviamente). Tuvo su momento de mayor laburo entre los años '80 y '90, en los que hizo algunos personajes inolvidables: fue el jefe de policía Vincent Aiello en Érase una vez en América (1984), de Sergio Leone; el marido abusador de Mia Farrow en La rosa púrpura del Cairo (1985), de Woody Allen; el despechado prometido de Cher en Hechizo de luna (1987), de Norman Jewison; el querible y protector padre de Holly Hunter en Mi querido intruso (1991), de Lasse Hallström; y sobre todo el temperamental y orgulloso Sal, dueño de una tradicional pizzería de Brooklyn, en la formidable Haz lo correcto (1989), de Spike Lee. Por esta labor fue nominado a un Oscar como mejor actor de reparto (en su lugar ganó Denzel Washington por Tiempos de gloria).

En esa película hay una gran escena (un único y maravilloso plano) en la que Sal mantiene una conversación con su hijo Pino (John Turturro). Éste, cansado de las provocaciones de algunos de sus clientes negros (como el bocón Buggin Out, interpretado por Giancarlo Esposito), y de las burlas de sus amigos, le propone a su padre cerrar la pizzería y mandarse a mudar a otro barrio, y la respuesta de Sal es tan sensata como conmovedora. La escena termina con un indicio de hasta qué punto Sal está viendo encenderse una mecha que no sabe muy bien cómo apagar...

 

 

Después Aiello se fue perdiendo en papeles menores en películas igualmente menores como Hudson Hawk (1991), Mistress (1992), Loco de amor (1995), City Hall (1996), y otras hechas para televisión o que -al menos por acá- pasaron directamente a video.

Alentado por la curiosidad, y temeroso de encontrarme con una fecha de defunción reciente, chequée su filmografía en Internet Movie Data Base (IMDb). ¡Danny Aiello vive! Aparte de algunas películas recientes que aquí nunca se estrenaron (a excepción de 7, el número equivocado, un thriller de 2006 protagonizado por Josh Hartnett, Bruce Willis y Morgan Freeman), parece que tiene en pre-producción dos películas: 4Chosen, en la que comparte cartel con Laurence Fishburne, Billy Zane, Cybill Shepherd y Rita Moreno (!) y Anyone's son, la recreación de un sonado caso criminal, en la que actúa junto a uno de sus hijos, Rick Aiello, y además dirige.

Pero sobre todo, Aiello ha estado muy ocupado con su nueva carrera como cantante, y ha editado un disco titulado I just wanted to hear the words en el que incluye standards como "All of me", "You made me love you", "Pennies from heaven" y "One for the road". El hombre ya había cantado en algunas de sus películas; recuerdo particularmente una escena de Mi querido intruso en la que, si la memoria no me falla, le dedicaba una canción a su hija el día de su casamiento.

Qué mejor que terminar este recordatorio con un video clip precisamente de ese disco, en el que Aiello canta nada menos que "Bésame mucho" junto al rapero Hasan. Parecería como si el propio Danny quisiera enviar un mensaje de tolerancia, y dejar atrás las tensiones raciales que destrozaron la pizzería de su personaje en Haz lo correcto. Un grande, realmente.

The man from Earth

Hace unos días me prestaron una película bajada de Internet que se llama The man from Earth . Confieso que no me atrajo, porque no sabía nada de ella, además de que desconfío de las películas pirateadas, porque temo por mi salud mental cuando prendo el dvd y me encuentro con una película que puede ser maravillosa y que resulte estar doblada por españoles de una forma tan espantosa que la mejor película puede resultar la más fea que has visto en tu vida.

Comienza con la escena de un hombre subiendo cajas a una camioneta, y llegan vehículos de los que bajan compañeros de trabajo de John Oldman, el protagonista, y que vienen a despedirse ante una huida tan rápida luego de enseñar historia durante diez años. Desde un primer momento se sugieren cosas que van tomando forma cuando entran al living de la casa a realizar la pequeña fiesta de despedida que le organizaron. Entre preguntas incisivas a raíz de su repentina renuncia, y a propósito de esas sugerencias que llevan la conversación a un punto que el protagonista parece no poder aclarar, es que decide plantear una pregunta: "¿Qué pasaría si el hombre de Cro-Magnon hubiera sobrevivido hasta el día de hoy? ¿Cómo luciría?" Todos lo toman como un juego y comienzan a barajar hipótesis, cada uno en su rama de conocimientos, hasta el momento en que el protagonista confiesa... que él es el hombre de Cro-Magnon, que vive desde hace aproximadamente 14.000 años, y que habiendo llegado a la edad de 33 años, no envejeció más, lo que lo ha obligado a través de la historia a "mudarse" cada diez años de lugar para no levantar sospechas...

No quiero comentar más nada respecto al argumento, porque realmente espero que la puedan ver. Lo que se desata es un mar de discusiones, preguntas, dudas, y mucha desconfianza, pues la información que maneja el supuesto hombre de Cro-Magnon también la puede haber aprendido de cualquier libro de texto, según le dicen sus propios compañeros.

Es interesantísimo ver cómo se puede hacer una película muy buena, de ciencia ficción, (como está catalogada) sin ningún efecto especial, sólo dejando a la imaginación de quien la ve el crear las imágenes que uno quiera. A cada minuto se hace más atrapante, y en su corta hora y media a uno le queda la sensación de que le gustaría que fuera más extensa, y que sería lindo sentir de nuevo lo que sintió al verla por primera vez.

La historia pertenece a Jerome Bixby, quien fue un conocido autor de ciencia ficción de la época clásica. En castellano tiene publicados 12 relatos. Escribió el cuento en que se basó Viaje Alucinante, y asimismo numerosos episodios de Star Trek y The Twilight Zone (Dimensión desconocida). En 1946 Jerome desarrolló un primer argumento de The man from Earth, acerca de un profesor de Historia que revela a sus colegas, en el día de su jubilación, que él es inmortal y lleva en la Tierra 14.000 años. Hasta 1998, año de su fallecimiento, Jerome Bixby y su hijo Emerson fueron puliendo el guión e intentando que se hiciera la película. Un dato interesante es que en sólo dos semanas ascendió del puesto 11.235 al número 5 en la clasificación de IMDb , a través de las descargas P2P, hasta el punto que el mismo productor ha agradecido su distribución por esos canales.

Espero que la puedan ver, creo que vale la pena. No digo que sea LA obra maestra más importante de la década, pero es una película que parece chiquita pero consigue sorprender, y esa sensación está muy buena.

Placeres Culposos

¿Cuál es el encanto que tienen determinadas películas, que a pesar de no resistir el menor análisis, a pesar de ser más o menos tontas, a uno le terminan gustando mucho (como me pasa con Reto al Destino, con Rain Man, Mary Poppins, la Novicia Rebelde, y mucha otras)? ¿Creo que tengo un gusto por el buen cine que realmente no tengo, o son películas que tienen otro tipo de atractivo?

Qué buenas preguntas. Este breve pasaje de un comentario un poco más largo de Travis Bickle no hizo más que reavivar mi interés en un tema sobre el que quería escribir desde hace un tiempo. Y que incluso va más allá de nuestro gusto por el cine, y podría trasladarse a casi cualquier otro hábito de consumo (cultural, alimenticio, del tipo que sea): ¿por qué disfrutamos tanto de algunas cosas que difícilmente admitiríamos frente a los demás, o que si lo hacemos nos generan un poco de vergüenza? ¿A quién no lo han acechado alguna vez dudas como estas? Quien esté libre de pecado...

Y no estamos hablando de ver alguna emisión de Gran Hermano o Bailando por un Sueño; hay cosas que están más allá de toda explicación. Me refiero a cosas que sabemos no son grandiosas (y que en algún caso hasta admitimos que son directamente malas) pero que igualmente nos proporcionan un placer enorme. Si hablamos de comida, por ejemplo, podríamos mencionar un chivito canadiense, o el último sabor de helados Conaprole... o mi más reciente descubrimiento: el salchichón de chocolate de Olaso (!).

Se trata ni más ni menos que de los "placeres culposos", todo aquello que nos da mucho placer aún cuando nos sentimos un poco culpables de disfrutarlo. El ejemplo del salchichón es perfecto, ¿o no? Es un placer saborearlo aún cuando sabemos que estamos metiéndonos no se cuántas calorías y grasas en el cuerpo. Después podemos caer en la categoría de sustancias ilegales o delitos ocultos, aunque mejor en otro post...

Pero si hablamos de cine, que es en definitiva de lo que hablaba Travis, la lista puede llegar a ser infinita. ¿Quién no se ha enganchado con alguna película que, aún sabiendo que es menor o simplemente mala, no puede dejar de mirar? Esto es particularmente notorio en televisión, sobre todo en TV cable, donde la oferta de canales y horarios es mayor. A mí me pasa, y eso que no miro mucha televisión. Pero en esos momentos en que uno se deja caer en el sofá con el control remoto en la mano, sin más voluntad que la de apretar botones en busca de algo que llame su atención, uno se siente particularmente vulnerable a esa formidable manera de perder el tiempo que es VOLVER A VER UNA Y OTRA VEZ PELÍCULAS QUE YA HEMOS VISTO Y QUE CONOCEMOS DE MEMORIA. Yo he llegado al colmo de hacerlo con películas que además tengo en mi colección de DVDs para volver a ver cuando quiera, como Perdidos en Tokio o Casi famosos (por nombrar solo dos), pero aún así no puedo evitar seguir mirando.

Obviamente la explicación es sencilla: son películas que me gustan, me entretienen y/o me conmueven de alguna manera, y que por lo tanto vuelvo a disfrutar cada vez, tal vez más incluso que la primera vez, porque se ha generado una rara familiaridad con ellas; la misma familiaridad que nos permite sonreír y disfrutar de una frase memorable incluso antes de que el actor la pronuncie, precisamente porque la anticipamos y por lo tanto el disfrute se estira.

Estoy tratando de pensar en alguna película realmente mala, pero de esas que realmente me daría vergüenza admitir, y sin embargo ninguna se me viene a la mente (en serio, no tendría problema en confesarlo). Lo que me pasa con las películas que considero malas es que en definitiva me resultan soberanamente aburridas, y por lo tanto jamás caerían en la categoría de "placeres culposos". Porque directamente cambiaría de canal. Incluso una película decididamente menor (algo siempre opinable) como La familia de mi esposo (Meet the Fuckers) no es necesariamente "mala", porque en definitiva yo termino disfrutando del retrato de esos maravillosos padres "hippies" que hacen Dustin Hoffman y Barbra Streisand. Tal vez sea un placer culposo, pero lo cierto es que tampoco me engancha inevitablemente cada vez que la están pasando en televisión.

Sí hay dos películas, que pueden ser catalogadas como "menores" pero nunca, en mi opinión, como malas películas, que no puedo evitar seguir mirando -y disfrutando- cada vez que me las cruzo en algún canal (a ninguna de las dos las tengo en DVD, ni las tendría salvo que me las regalaran). Sin importar incluso que ya estén empezadas; donde sea que las agarre, las sigo mirando hasta el final (salvo, claro, que tenga algo más importante o incluso placentero para hacer). Y, curiosamente, las dos están protagonizadas por Julia Roberts: La boda de mi mejor amigo (1997) y Erin Brockovich (2000).

¿Será mi placer culposo Julia Roberts, una actriz que me gusta si bien nunca la consideré una gran actriz? Lo dudo: hay películas de Julia Roberts que no volvería a ver ni a palos (El secreto de Mary Reilly, El complot, La pareja del año). Se trata simplemente de dos películas que disfruto, que me enganchan (algo que estoy seguro le pasó y le pasa a mucha gente, porque son dos películas muy exitosas) y, claro, que están construidas básicamente como lucimiento para una estrella muy carismática, capaz de convencernos con la misma facilidad de que es una ex amante despechada tratando por todos los medios de recuperar al amor de su vida, o una madre soltera y en bancarrota que promueve el litigio más millonario en la historia del corporativismo norteamericano (rol por el que, como se sabe, ganó el Oscar).

La dejo por acá, mientras sigo pensando en algún otro placer verdaderamente culposo...

Yo, marxista

Marxista sí, pero no leninista, sino grouchista. El motivo es que vaya a saber porqué, pero estoy en una etapa de mi vida en que tengo la necesidad imperiosa de reír. Y que puedo decir de los hermanos Marx, especialmente de Groucho, que no se haya dicho ya... o que sí se haya dicho. Lo primero es que la frase anterior no es mía, sino de Les Luthiers, que también me hacer reír a carcajadas y por suerte los pude ir a ver al Solís antes que decidan jubilarse.

Volviendo a Marx, en realidad, por más que Groucho Marx exista hace más tiempo que otros cómicos, yo en realidad lo descubrí ahora, leyendo un par de libros que compré hace unos días, que les recomiendo leer si tienen un poco de esa misma necesidad que yo. Es decir, yo sabía que existían los hermanos Marx, porque había visto alguna parte de sus películas en televisión, pero nunca enteras, ni tampoco he visto en los video clubes que existan películas de ellos, pero ahora voy a tener que hacer una investigación más sesuda. Como decía, yo sabía que existían pero no sabía los nombres de todos, por lo que en una oportunidad, en una conversación, con aires de suficiencia dije algo así como: "Groncho es muy cómico", a lo que una persona, muy sutilmente, me contestó: "Bruta, es Groucho, no Groncho. Groncha sos vos". Que lindo cuando la gente ayuda a su prójimo.

Hace unos días estaba en una librería del shopping y vi un libro que un profesor había mencionado hacía algunos días. El profesor hablaba del cuidado que había que tener al clasificar los documentos, porque por ejemplo "Memorias de un amante sarnoso", de Groucho Marx, no lo íbamos a clasificar ni por amante, ni por sarnoso. Por supuesto que me reí más que todos. El profesor me miró como diciendo: "nunca este chiste me dio tanto resultado". Pero en la librería lo recordé y pensé que estaría bueno comprarlo. Al lado estaba "Groucho y yo", que es una autobiografía, y rápidamente decidí comprar los dos libros. Demás esta decir que ambos están espectaculares.

En "Memorias de un amante sarnoso", en la segunda parte cuenta de manera imperdible la "historia innatural del amor" Se basa en su visión particular (muy particular) de la evolución del hombre. Habla por ejemplo del hombre ostreolítico (ostra primitiva), del homo cavus (bruto peludo), el hombre glaciolítico (de la época glacial), en el que cuenta la historia de "una mujer glaciolítica que, al entrar en su iglú, encontró a su pareja congelada en los brazos de otra mujer. Después de calentarlos para que recobraran la conciencia, dijo a su marido: ¿Quién era esta señora de la que te he descongelado?". Luego tenemos la "Edad Oscura, de la que los historiadores saben muy poco porque la oscuridad era demasiado profunda para que alguien pudiera saber lo que ocurría".

También aprendí con este libro que "el hombre de las cavernas como no tenía lenguaje únicamente podía hablar con las manos. Cuando quería decir a su pareja que la amaba, le daba un golpe en la mandíbula. Cuando quería decirle "tengo hambre", le daba un golpe en la mandíbula. De vez en cuando le daba un golpe en la mandíbula meramente para ver si podía encajarla. Todo esto contribuía a confundir a la pequeña y silenciosa mujer, que raramente protestaba. Cuando lo hacía, su marido volvía a darle un golpe en la mandíbula. Esta clase de conversación fue conocida más tarde como "de mandíbula batiente". ¿No es genial?

En "Groucho y yo" cuenta desde su niñez, todo lo que pasó para ayudar con sus hermanos a sus padres (pero no contado dramáticamente) y por supuesto, sus desventuras amorosas, que por lo visto fueron muchas. Uno de sus grandes deseos era tener un auto, para así poder conquistar chicas, en especial una, que le había dejado claro que ella salía sólo con muchachos que tuvieran auto. Una joyita de muchacha. El había comprado un Scripps de segunda mano, al que al hacerlo marchar por primera vez, perdió todas las bielas. Luego de arreglado este problema pasó a buscar a la bella muchacha a su casa, tocando alegremente la bocina para llamar su atención. Luego de esperarla por treinta minutos, salió la bella muchacha con un vestido blanco, y sombrero y zapatos también blancos. De más está decir que justo ese día había llovido en forma abundante. Lo que contribuye a hacer muy graciosa la historia:

"Le salí al encuentro, la saludé con toda la elegancia de que era capaz y retrocedí rápidamente para abrirle la puerta del coche. La puerta se resistió un poco y, en mis prisas por abrirla antes de que ella llegara, resbalé treinta o cuarenta centímetros debajo del coche. Me sacudí el barro, me instalé junto a ella y nos alejamos en dirección al lago. Yo estaba delirante de dicha. Mi corazón producía más ruido que el motor y, cuando ella me sonrió, comprendí que, por fin, había encontrado la chica de mis sueños. El coche no estaba muy bien equilibrado, e incluso a velocidades moderadas, en los virajes, se bamboleaba como un borracho rodante. Al doblar una esquina, la muchacha trató de acomodarse mejor apoyando una mano sobre la puerta. Lo que ella no sabía era que aquella puerta era la que llevaba el botón eléctrico. Ante mi horror, la puerta se abrió y la encantadora criatura se deslizó graciosamente del coche para caer en un enorme charco de barro. Sentí tanto pavor que inicié la huida...Pero...retrocedí rápidamente, casi atropellándola en mi excitación, salté del coche y la ayudé a ponerse en pie. Aunque estaba a cubierta de barro, la reconocí inmediatamente".

Este es un ejemplo de las historias de las que esta plagado el libro. Por supuesto que Groucho no es la única persona que me hace reír. También soy fanática y tengo muchísimo material de Les Luthiers, me gusta Alejandro Dolina, Darwin Desbocatti (el libro más que escucharlo en la radio) y, por supuesto, Woody Allen. Me conquistó en "El dormilón", cuando le explica al personaje que hace Diane Keaton que cuando le había preguntado de chico a su madre cómo venían los niños al mundo, para salir del paso ella le había dicho que era como agarrarse la rabia. Y que años después, cuando su madre había tenido gemelos, pensó que la había mordido un gran danés. Salvando las traducciones de los chistes que deben ser muy difíciles de traducir, cosas como ésta me conquistaron para prestarle más atención de la que le prestaba.

Ahora, quiero explicar algo. Quiero decirles que porque tenga necesidad de reír, no significa que camino por las calles de Montevideo riendo a tontas y a locas. No. Cuando voy por la calle pongo la cara que todos ponen, de "estoy apurado/preocupado/háganse a un lado". Así que por el momento nadie me ha encontrado tan mal de la cabeza como para terminar en una institución mental. Igual, no digamos muy fuerte que es divertido reírse, porque a cualquier gobierno que esté de turno se le puede ocurrir la idea de descontarnos el IRíePF, y estamos fritos. Si pasa eso, me tomo un avión a las Islas Margarita, y no me ven más el pelo...

Cuestión de respeto

El viernes 20 de junio se estrenó en Estados Unidos la comedia The Love Guru (El Gurú del Amor), dirigida por el debutante Marco Schnabel y escrita por Graham Gordy y Mike Myers para lucimiento de éste último. Como se sabe, el canadiense Myers es un comediante surgido de la escuela de Saturday Night Live, legendario show televisivo donde permaneció seis temporadas a partir de 1988. En cine se anotó los éxitos de Wayne's World (1992) y Austin Powers (1997), y sus respectivas secuelas, sin olvidar la voz de Shrek en la saga animada sobre el ogro verde, cuya cuarta parte se espera para 2010.

Myers puede, cuando quiere, ser un buen comediante, pero también es cierto que su estilo puede cansar. Y ahora, también, enfurecer. Resulta que en The Love Guru, que también produce, encarna a Pitka, un estadounidense criado entre gurús en la India que, tras regresar a su país, intenta triunfar en la industria de la autoayuda convertido en un "gurú del amor", capaz de asistir a parejas en crisis a redescubrir su espiritualidad y su pasión (y siendo la India cuna del Kama Sutra es de imaginar el tipo de bromas que Myers debe hacer en la película a costa del hinduismo...).

Pues parece ser que hace meses que la película, incluso mucho antes de su estreno, viene desatando la ira de líderes religiosos y grupos que profesan el hinduismo (la religión más antigua y la tercera en población, con mil millones de seguidores en todo el mundo). Por ejemplo Swami Pooja Saraswati, una respetada líder espiritual, dijo que vio el tráiler de la película y que se sintió "shockeada de que un productor de cine respetable pudiese ridiculizar tan flagrantemente a una gran religión mundial, a una cultura, a un camino espiritual y a un modo de vida sincero, retratándolo como si fuera una farsa."

Por su parte el Reverendo John J. Auer, un pastor metodista en Reno, Nevada, comentó que, si bien no está a favor de ningún tipo de censura, "es crucial que toda tradición de fe sea escuchada en respuesta a cualquier representación que se haga en la cultura popular de elementos de esa tradición que puedan ser mal representados con facilidad o incluso mal interpretados". Otros líderes religiosos, en particular hindúes residentes en Estados Unidos, reclamaron la censura del tráiler y que se realizaran cambios a la película como forma de evitar herir los sentimientos de millones de devotos seguidores del hinduismo a nivel mundial. También se ha organizado una campaña para exigir a las empresas distribuidoras y cadenas de cines que se nieguen a exhibir The Love Guru en tanto los productores de la película no se hagan eco de sus demandas. Pero ni los productores de la película, ni su compañía distribuidora Paramount Pictures, han revisado sus intenciones. Como resultado, los líderes religiosos -no solo hindúes y musulmanes, sino también algunos católicos y judíos- han llamado a un boicot mundial contra Paramount y The Love Guru.

El asunto no es nuevo, y tiene sus antecedentes. El más reciente lo motivó otra comedia anglosajona, Borat (2006), escrita y protagonizada por el comediante británico Sacha Baron Cohen. Su retrato de un falso reportero de la televisión de Kazajstán que viaja a Estados Unidos con el fin de aprender "valores culturales" y transmitírselos a su país generó protestas del propio gobierno de Kazajstán, ofendido porque en la película su país era prácticamente retratado como un pueblo de campesinos embrutecidos para quienes mantener relaciones sexuales con una hermana era algo completamente natural. No fue la única crítica que recibió Borat, pero ninguna de ellas evitó que la película se convirtiera en un éxito mundial (es más, probablemente ayudaron a aumentarlo) ni que el propio Cohen fuera nominado al Oscar como mejor guionista de 2006.

Más atrás en el tiempo, sobre finales de 2005, una parte del mundo se vio sacudida cuando el periódico danés Jyllands-Posten (de centro-derecha) tuvo la brillante idea de publicar una serie de caricaturas en las que se representaba al profeta Mahoma (fundador del Islam) como un terrorista; en una de ellas, por ejemplo, Mahoma era dibujado llevando una bomba encendida en su turbante. La publicación era parte de un artículo sobre autocensura y libertad de expresión, y fue luego reproducida por la revista noruega Magazinet (de tendencia fundamentalista cristiana) en diciembre de 2005, y por diarios alemanes y franceses en enero y febrero de 2006, todos en solidaridad con el periódico danés. Tanto el periódico como el gobierno danés declinaron dar una disculpa, como reclamaban los musulmanes de Dinamarca y varios países islámicos, que lo consideraron una provocación.

Según el Jyllands-Posten, sus caricaturistas se han visto obligados a esconderse debido a amenazas de muerte llegadas al periódico, y éste ha debido reforzar sus medidas de seguridad. La crisis desató protestas en varios países islámicos y también de Europa, y miles de manifestantes incendiaron sedes diplomáticas de Dinamarca y Noruega en Damasco y Beirut. Hubo víctimas del conflicto en Afganistán, Líbano y Somalia, y entre llamamientos a la calma y declaraciones más o menos diplomáticas en torno a la tolerancia y el respeto a las religiones, un periódico iraní comenzó a publicar las caricaturas de un concurso de chistes sobre el Holocausto.

Más allá de las diferencias en cada caso, y de reacciones más o menos desproporcionadas, todo esto se reduce a una cuestión tan básica como discutible: ¿cuál debería ser el límite de la broma, si es que tiene que existir algún límite? ¿Cualquiera tiene derecho a reírse de cualquier cosa, sin importar a quién se ofenda? ¿Y cuál debería ser la reacción lógica y permisible del ofendido? ¿Hasta qué punto alguien tiene derecho a reclamar que sus creencias o su cultura no sean objeto de burla?

Yo no tengo respuestas claras a esas preguntas. Lo que sí tengo claro es que no me gusta reírme de algo o de alguien en público, y mucho menos si alguien puede sentirse ofendido por mi sentido del humor. No soy necio: en ámbitos privados me he llegado a reír de casi cualquier cosa, empezando por mí mismo, pero a nadie debería importarle lo que cada uno hace en ámbitos privados, con familiares o amigos, en la intimidad de su casa o en una mesa de boliche. Ahora bien, si alguien de la mesa de al lado viene y me dice "mirá, me parece que te estás desubicando" o "me ofendiste", lo menos que puedo hacer es callarme la boca y pedir disculpas. No se me va a ir el honor en eso. Después de todo estamos hablando de una broma, no de una declaración de principios.

Pero como digo una cosa, digo la otra. Me parece un despropósito que, por sentirse ofendido, alguien se crea con derecho a incendiar un edificio, matar a alguien, o incluso hacer una amenaza de muerte. Cualquiera tiene derecho a sentirse ofendido, pero seamos lógicos: si no quiero que me tilden de terrorista trataría al menos de no cometer actos de terror. Pero claro, para mí es muy fácil decirlo: yo no vivo en un país árabe arrasado por ejércitos occidentales, con la complicidad y el silencio de casi toda la comunidad y la prensa internacional; a mí no me tiraron abajo mi casa en la Franja de Gaza, con una topadora, bajo sospecha de esconder túneles por los que pasar armas para grupos terroristas; tampoco me mataron a toda mi familia con una bomba durante la celebración de una boda en Kabul, ni allanaron mi casa decenas de veces en emboscadas perpetradas por marines, al grito de "fucking iraqis, ¡get down, get down!"

Todo es relativo, y está bueno -y es necesario- asumir la perspectiva del otro en un conflicto. Al menos si se desea resolverlo. Por eso defiendo el derecho de los hindúes a sentirse ofendidos por lo que probablemente sea una mala comedia de Mike Myers. ¿Acaso algunos entre nosotros no se sintieron ofendidos por el Uruguay retratado en una mala película de Steven Seagal? Yo fui uno de los que pensaron "es sólo una película", pero porque soy uruguayo, y el cine de Hollywood todavía no se ha reído lo suficiente de nosotros. Si yo fuera hindú, o árabe, antes de decir "es sólo una película" consideraría todo lo que se han reído a costa de mi cultura, de mis creencias... mientras además arrojaban bombas sobre mi casa.

Sydney Pollack (1934-2008)

Fue un señor director, un señor productor, un señor actor (si bien no fue esa su faceta más conocida) y todo un señor, a secas. Respetado por colegas y actores de la industria, Sydney Pollack -que murió de cáncer el lunes 26 a los 73 años de edad- dirigió algunas películas inolvidables (Baile de Ilusiones, Tootsie, África Mía, por la que ganó dos Oscar como productor y director, si bien era un drama épico un poco denso), actuó en otras (Maridos y Esposas, Ojos Bien Cerrados, Michael Clayton ) y produjo varias, entre ellas las de su socio en Mirage Enterprises Anthony Minghella (fallecido también este año): El Talentoso Sr. Ripley, Regreso a Cold Mountain y Violación de Domicilio . Algunos lo recordarán además como excelente comediante en el papel del padre de Will en la serie cómica Will & Grace, entre otras apariciones especiales.

El año pasado, Pollack debió abandonar por problemas de salud el rodaje del que sería su siguiente proyecto como director desde La Intérprete (2005), Recount, una crónica de las semanas posteriores a las elecciones presidenciales del 2000 en que el recuento de votos en el estado de Florida terminaron dándole la victoria a George W. Bush, si bien Al Gore había sido el candidato más votado. Por suerte, Pollack se despidió como realizador con un extraordinario documental, Sketches of Frank Gehry , sobre la vida y obra de su amigo el famoso arquitecto Frank Gehry. Era el primer documental y la última película que haría.

Como forma de homenaje vale la pena recordarlo en esta maravillosa escena de Tootsie (1982), una brillante comedia que sigue siendo terriblemente efectiva. En ella Pollack interpreta al agente del actor desempleado y conflictivo que interpreta Dustin Hoffman, y lo que básicamente intenta explicarle a su cliente es por qué nadie, ni en Nueva York ni en Hollywood, va a contratarlo debido a su personalidad intratable. ¿Con que nadie?...

Salud y gracias, Pollack.

Cannes batió Palmas

El jurado oficial de la 61ª edición del Festival de Cine de Cannes , presidido por el actor estadounidense Sean Penn, reveló los ganadores la noche del domingo 25 de mayo, durante la ceremonia de clausura en el Grand Théâtre Lumière.

Robert De Niro fue el encargado de entregar la Palma de Oro a la que el jurado entendió fue la mejor película entre los 22 títulos en competencia: Entre les murs, del francés Laurent Cantet, el mismo director de Recursos humanos (1999), El empleo del tiempo (2001) y Bienvenidas al paraíso (2005).

Como clausura del festival se proyectó la película de Barry Levinson What just happened?, protagonizada por Robert De Niro, Sean Penn y Bruce Willis.

Esta es la lista completa de premios de la Competencia Oficial:

Palme d'Or (Palma de Oro - Mejor Film)

ENTRE LES MURS de Laurent Cantet (Francia)

Grand Prix (Gran Premio)

GOMORRA de Matteo Garrone (Italia)

Prix du 61e Festival de Cannes (Premio del 61º Festival de Cannes, ex-aequo)

Catherine Deneuve por UN CONTE DE NOËL de Arnaud Desplechin (Francia)
Clint Eastwood por CHANGELING (Estados Unidos)

Prix de la mise en scène (Premio a la Mejor Dirección)

ÜÇ MAYMUN de Nuri Bilge Ceylan (Turquía-Francia-Italia)

Prix du Jury (Premio del Jurado)

IL DIVO de Paolo Sorrentino (Italia-Francia)

Prix d'interprétation masculine (Premio de interpretación masculina)

Benicio Del Toro por CHE de Steven Soderbergh (Estados Unidos-Francia-España)

Prix d'interprétation féminine (Premio de interpretación femenina)

Sandra Corveloni por LINHA DE PASSE de Walter Salles y Daniela Thomas (Brasil)

Prix du scénario (Premio al Mejor Guión)

LE SILENCE DE LORNA de Jean-Pierre y Luc Dardenne (Bélgica-Francia-Italia)

Palme d'Or (Palma de Oro) al Mejor Cortometraje

MEGATRON de Marian Crisan (Rumania)

Prix du Jury (Premio del Jurado) al Cortometraje

JERRYCAN de Julius Avery (Australia)

San Quentin

"Yo quiero hacer películas, yo tengo que hacer películas. La razón por la cual no hago más películas es porque en el medio quiero vivir la vida."

Las palabras pertenecen a Quentin Tarantino , tal vez el mejor director de cine -junto a Paul Thomas Anderson (Magnolia, Petróleo Sangriento )- surgido en los Estados Unidos en los años 90. A esas palabras Tarantino agrega: "la verdadera razón por la que no quiero hacer más películas es que soy guionista, y siempre tengo que empezar por la página en blanco y eso es difícil. Nada de lo que hayas hecho antes significa una maldita cosa cuando tenés que empezar todo otra vez."

Reconforta saber que un genio creativo como él también se enfrenta a las dudas, las incertidumbres y el esfuerzo que significa dar forma a un proyecto tan complejo como lo es una película. Se sabe que Tarantino (Knoxville, Tenessee, 1963) no pasó por una escuela de cine (no es que esto le hubiese hecho más fácil el trámite de empezar cada nuevo proyecto, ni mucho menos, simplemente lo menciono como dato biográfico) sino que se formó mirando muuuuuuchas películas clase B (y de las otras) gracias a su trabajo como empleado de un video club junto a su amigo Roger Avary, con quien algunos años después escribiría el guión de Pulp fiction. Pero antes de eso empezó por otras páginas en blanco.

Hace un par de años participé en un seminario de producción creativa y edición de guión en Chile en el que uno de los docentes que me tocaron era Don Zirpola, productor de cine independiente norteamericano que, según la IMDb , no ha producido ninguna película. En todo caso, era alguien vinculado al mundillo de Hollywood (o al menos a su patio trasero), muy carismático y con muchas anécdotas para contar. Una de esas anécdotas dice que, hacia fines de los '80, él frecuentaba un video club de Los Ángeles y que tenía muy buena onda con uno de sus empleados, que era un joven muy cinéfilo. Un buen día este joven le dijo si aceptaría leer un guión que estaba escribiendo, a ver si lo podía contactar con alguien que quisiera producirle su primera película. Zirpola leyó el guión y se lo devolvió diciéndole que "nadie" produciría una película como esa. No hace falta decir que ese joven guionista era Quentin Tarantino, y que su guión se llamaba Reservoir dogs (Perros de la calle), que en 1992 se convertiría en su ópera prima -gracias al productor Lawrence Bender- y en uno de los clásicos fundamentales del cine de los '90.

Antes de ese sonado debut Tarantino vendería otros dos guiones: True romance (Escape salvaje), que dirigiría Tony Scott en 1993, y Natural born killers (Asesinos por naturaleza), que caería en manos de Oliver Stone (1994) y de cuyo resultado Tarantino se desentendería como autor. El resto de la historia es más o menos conocida por cualquier cinéfilo que se precie de serlo: en 1994 Tarantino estrenaría su segunda película (Pulp fiction) en el Festival de Cannes, ganando la Palma de Oro al mejor film, y el año siguiente un Oscar al mejor guión original. Además relanzaría la carrera de John Travolta, convertiría en estrellas a Samuel L. Jackson y Uma Thurman, y generaría millones de fans y admiradores sobre todo jóvenes, muchos de los cuales se anotarían en escuelas de cine de todo el mundo esperando convertirse en el próximo Tarantino.

En 1997 estrenó su tercera película (en el medio dirigió uno de los episodios de Cuatro habitaciones y colaboró con su amigo Robert Rodríguez en Del crepúsculo al amanecer, donde era guionista y actuaba): Jackie Brown (Triple traición) fue un homenaje al cine blaxploitation de los '70 y, a pesar de su limitado éxito, era un fascinante thriller brillantemente dirigido, con actuaciones formidables de actores semi retirados como Pam Grier y Robert Forster junto a otros más conocidos como Samuel Jackson y Robert De Niro (en un infrecuente rol de perdedor).

Tarantino se tomó su tiempo para desarrollar su ambiciosa cuarta película, que terminarían siendo dos: Kill Bill Volumen 1 (2003) y Kill Bill Volumen 2 (2004), una obra maestra en dos partes que homenajeaba al cine de acción oriental (particularmente las películas de samurais) así como al spaghetti western "a lo" Sergio Leone (incluyendo citas a la música del gran Ennio Morricone). Debería haber ganado el Oscar, por lo menos, como mejor director (aunque sea por la segunda, que era menos violenta), pero la Academia -como cabía esperarse- lo ignoró olímpicamente. No así la crítica, que mantuvo su admiración.

Su último proyecto como director se llamó Grindhouse , y era otro homenaje, en este caso a los continuados de cine de horror clase B de los '70, junto a su viejo cómplice Robert Rodríguez (Tarantino se encargó de Death Proof mientras que Rodríguez dirigió Planet Terror). No tuvo éxito, tal vez por su larga duración (ambas mitades, en fidelidad al género que recreaban, se proyectaban en continuado, al menos en Estados Unidos), y de hecho no se estrenaron en Uruguay hasta el momento, ni siquiera por separado.

Tal vez por eso Tarantino está considerando apostar por algo más seguro (aunque no hay casi nada seguro en lo que se refiere al éxito) como una tercera y última parte de Kill Bill (que en principio no tiene mucho sentido, una vez que Bill hubo muerto). También está pendiente su incursión en el cine bélico con Inglorious bastards (algo así como "bastardos sin gloria"), una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial que lo reuniría con dos actores clave en su filmografía: Tim Roth (Perros de la calle, Pulp fiction) y Michael Madsen (Perros de la calle, Kill Bill).

Haga lo que haga, él sabe que lo vamos a estar esperando. Casi como a un salvador, como a un mesías. Porque entre tanto cine apático y trillado, una película de Tarantino es una garantía de entretenimiento, emoción y sorpresa, esa rara combinación que sólo encontramos muy de vez en cuando en el cine. Porque quienes no creemos en Dios, al menos creemos en San Quentin.

'Sentencia de Muerte', Kevin Bacon es Charles Bronson

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Aunque ‘El Justiciero de la Ciudad' es una película de 1974, fue realmente en los 80 cuando se exprimió hasta decir basta la figura del justiciero de a pie, el hombre normal y corriente cuya vida personal queda marcada por una desgracia perpetrada por tamaños criminales que pronto conocerán el infierno, debido a que el citado pobre ciudadano se convierte de la noche a la mañana en un completo experto en limpiar las calles de escoria humana. A ese tipo de películas contribuyeron gente como Charles Bronson, con la conocida saga, y otros innombrables de apellidos tan dispares como Norris, Seagal o Van Damme.

Ahora, con ‘Sentencia de Muerte' (por cierto, otra de esas películas que nos llegan tarde) la máxima del cine de acción actual, el más difícil todavía, se convierte aquí en el más bestia todavía. Porque la película dirigida por el inefable James Wan (parece que nunca llegará a igualar su pasable ‘Saw') repite esquemas del famoso film protagonizado por Bronson, pero caminando por derroteros mucho más salvajes, e incluso maniqueos. Sí, todavía más de lo que ya había en la olvidable película de Michael Winner.

 

‘Sentencia de Muerte' (‘Death Sentence', 2007) narra la odisea de Nick Hume, un ejecutivo con una buena familia y una vida acomodada. Un día, más bien una noche, ve como todo su mundo se viene abajo cuando es terstigo del asesinato de su hijo en una gasolinera a manos de unos desalmados delincuentes, los cuales para acoger a alguien nuevo en su banda, éste deberá asesinar a una víctima escogida al azar. Esto desembocará en una de las espirales de violencia más bestias jamás vistas en una película de estas características. Algo que en manos de Sam Peckinpah, o Don Siegel, hubiera dado para realizar una extraordinaria historia sobre la venganza. Pero no estamos en los 70, ni Wan es ninguno de esos dos directores nombrados (para ello necesitaría volver a nacer cuatro o cinco veces como mínimo).

Wan cae en la vulgaridad más intolerable, al llenar su film de escenas sangrientas que lo único que buscan es golpear emocionalmente al espectador, al que en todo momento se intenta poner de parte del personaje de Kevin Bacon para justificar sus actos. Ya sabemos que la violencia engendra violencia, y aquí nos los subrayan hasta límites insospechados. Y muy probablemente todos sintiéramos ganas de hacer lo mismo que el personaje del film si estuviéramos en su pellejo. Al fin y al cabo, los malvados de la función nos son presentados como seres infectos hasta el infinito, capaces de lo más salvaje sin tener en cuenta absolutamente nada, y además salir impunes de ello. Es precisamente esta pirueta la que hace que ‘Sentencia de Muerte' parezca un subproducto fílmico apropiado pare mentes enfermas o con el encefalograma plano, movidos por impulsos básicos, exactamente igual que los personajes de esta película. Absolutamente todos. Desde el protagonista, que por mucha buena vida que tenga no tiene dos dedos de frente, pasando por el absurdo villano con cara de mosqueo, hasta llegar a la policía que lleva el caso, y que es literalmente tonta. Una selva, nunca mejor dicho, de seres mononeuronales pueblan un film hecho única y exclusivamente para intentar satisfacer nuestros deseos más primarios.

Kevin Bacon es uno de esos actores que parecen hacer lo que le viene en gana, y sin embargo nunca se le ha reconocido como debiera. Su cara de rasgos afilados le viene a la perfección para dar vida a verdaderos hijos de puta (recuérdese ‘Sleepers'), y cuando está en el lado bueno de la ley, también es capaz de bordarlo (recuérdese ‘Mystic River'). Aquí tenemos una mezcla de ambas cosas; su imagen de padre comprensivo y marido genial se transforma enseguida en una especie de monstruo sin conciencia con un único objetivo: dar su merecido a unos malnacidos a los que sus padres no les dieron unas hostias cuando debían. Bacon aguanta el tipo como es costumbre en él, y los defectos bien visibles de su personaje son cosa de un guión más bien lamentable, obra del novato Ian Jeffres, que toma como base la misma novela que sirvió para ‘El Justiciero de la Ciudad', por lo que ‘Sentencia de Muerte' puede ser vista como un remake del citado film. A lado de Bacon, tenemos a una Kelly Preston que simplemente adorna, y a un montón de chavales que se reparten los roles de niño bueno con cara de no haber roto un plato, con un hermano también muy bueno, pero en deportes y de futuros muy prometedores, y macarras cabrones con caras de haber roto vajillas enteras que aprietan el gatillo o clavan el puñal a la mínima de cambio. Por lo que Bacon se encuentra más solo que la una en esta salvajada de película, a no ser por las dos apariciones (y digo dos porque la tercera me parece que es una broma de mal gusto) de John Goodman, con un muy interesante personaje que aporta algo de calidad ante tanto descerebrado.

A Wan se le va la mano, y no logra salvar la papeleta por mucho que se divierta haciendo travellings espectaculares en determinadas secuencias, por ejemplo la del parking. Mención aparte mereces las escenas de acción, la cual brilla realmente por su ausencia. No hay tensión en las mismas, y aunque la parte final del film está llena de ellas, éstas no están realizadas con la debida solvencia ni justifican el trayecto cuyo final se antoja aburrido y casi absurdo. Ver a Bacon con una pinta que recuerda al Travis Bickle de ‘Taxi Driver' es realmente un desconcierto, pues su particular descenso a los infiernos de la violencia más descarnada no está presentado con la correspondiente progresión, sino a lo bestia, de golpe. Simple y llanamente (otra para ti, Moleskine) no funciona.

‘Sentencia de Muerte' es una película muy floja
que ni mejora ni empeora el original. Una puesta al día de un film que hizo furor en el momento de su estreno, porque evidentemente eran otros tiempos. En la actualidad casi nadie se fijará en ‘Sentencia de Muerte' porque no es más que un despropósito con temática de telefilm, disfrazada de película bestia. Si el autor de la novela, Brian Garfield ya condenó la versión del 74, ¿qué pensará de ésta?

Diane Keaton y Steve Martin juntos de nuevo en dos comedias

Keaton y Martin

 

A pesar de que recientemente ha elegido algunos papeles en películas más que discutibles, Diane Keaton es una de las actrices que mejor me caen, sobre todo por sus personajes en ‘Annie Hall' y otras de Allen o en ‘Baby, tú vales mucho' (1987). Por su parte, Steve Martin es un tío muy gracioso, cuando quiere e, igualmente, cuando elige un buen proyecto.

Dentro de poco tendremos dos oportunidades de ver si el dúo ha hecho una buena elección con los guiones que ha decidido protagonizar. El problema es que la película que les unió por primera vez, ‘El padre de la novia', ya era de las cuestionables, no tanto por su calidad humorística, sino por sus valores tradicionales que resultaban rancios incluso cuando Spencer Tracy y Joan Bennet hicieron los mismos papeles en la versión primigenia.

Uno de los proyectos para los que han firmado hoy en día es ‘One Big Happy', sobre la que no se han desvelado los detalles de su argumento, pero se ha adelantado que será una comedia familiar (y cuando en Estados Unidos utilizan esta palabra hay que echarse a temblar) sobre una pareja y su familia que reconecta a pesar de varios obstáculos.

El guión de ‘One Big Happy' es de Chris Keyser y Amy Lippman, los creadores de ‘Cinco en familia' (‘Party of Five'), esa serie de la que se hizo un remake español que se titulaba ‘Mesa para cinco'. Aquellos guiones no eran cómicos, pero Keyser y Lippman sí tienen créditos en comedias, pues están escribiendo ‘Food Fight' para Working Title y para el productor Michael London. También han participado en los guiones del reality show ‘Here Comes the Bride' para la Disney .

Por separado, Keyser planea dirigir su guión ‘Great Education' para el productor Laurence Mark y Lippman está escribiendo una adaptación a largometraje de la novela de Galt Niederhoffer ‘A Taxonomy of Barnacles' para Columbia. Además, es asesora de la serie ‘In Treatment', de la HBO.

Paramount Pictures, John Goldwyn y Lorne Michaels se encargan de la producción de ‘One Big Happy'.

Martin y Keaton

 

El otro proyecto para Keaton y Martin se titula ‘From Zero To Sixty' en la que también interpretarán a una pareja según una idea que Steve Martin presentó, junto con el productor Robert Simonds, a varias productoras hasta que Paramount la compró.

Simonds es el productor de la innecesaria reinterpretación de la saga de ‘La pantera rosa' (‘Pink Panther') y él y Martin acaban de terminar la producción de la segunda entrega, que en EE. UU. se estrenará en febrero y que aquí no tenemos mucha prisa por que llegue. Salvo que mejore según avanza, como le ocurría a la serie original, que iba dando mayor protagonismo cada vez a Peter Sellers. O eso cabría esperar, pues ya están hablando de hacer la tercera parte.

Diane Keaton ha protagonizado recientemente ‘Mama´s Boy', de Tim Hamilton. En ella hace de la madre de Jon Heder (a quien conocimos por el papel de Napoleon Dynamite) que, como indica el título, es un niño de mamá. Esta película ya se ha estrenado en algunos países, pero en el nuestro aún no tiene ni fecha prevista.

Keaton también tiene uno de los papeles protagonistas en ‘Mad Money', dirigida por Callie Khouri, película en la que compartirá cartel con Queen Latifah , Katie Holmes y Ted Danson y que se parece escandalosamente en cuanto al argumento a ‘El palo', de Eva Lesmes.

 

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